Otro invento.
Sep 29, 2024
Sangre real.
Ocho liebres y once conejos. Dos águilas. Siete buitres (¡que fácil son estos!). Dos urracas y tres cuervos.
Ese fue ayer mi botín.
Mi puntería es mejor cada día.
Me encanta el retroceso del arma golpeando mi hombro y el sonido contundente del disparo.
El último modelo de escopeta es genial. Tiene todas las virtudes de los anteriores pero mejoradas, y además algunas innovaciones determinantes.
Poder ver a la pieza caer herida o muerta consigue que el placer sea definitivo.
Sí, mi afición ha ido creciendo. Por eso hoy es mi primer día.
La caza virtual, con el dispositivo idéntico a una escopeta de dos cañones, o un rifle de repetición o cualquier otro modelo posible, con sus efectos de sonido, sensibilidad del gatillo y retroceso de mayor o menor intensidad y con el visor conectado en el que se recrea el efecto que el disparo causaría al animal si fuera real, es un magnífico entretenimiento. Todo esto queda grabado en la memoria y archivado para poder ser disfrutado en cualquier momento.
Pero... yo solo quería salir a pasear. A caminar. A disfrutar la naturaleza.
El invento ha resultado ser, con el tiempo, un regalo del demonio.
Ahora ya no tengo bastante con la caza simulada. Necesito matar de verdad.
El arma real es más pesada y, aunque yo hacía lo mismo con la escopeta de caza virtual, cargando los cartuchos, quitando el seguro, ajustando la mira... todo resulta más mecánico. Me gusta. Y no me gusta que me guste.
He hecho el curso pertinente durante dos años y ya soy un miembro de la brigada CoCEs: Contención Controlada de Especies.
Hoy voy a matar de verdad.
Ojalá me resulte repulsivo.
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