Pobre y desahuciado lirio,
que te escondo de mis pajares,
y me avergüenzo de la luna que te ampara.
Ella no te alumbra, oscuro lirio;
te alumbran las luciérnagas del río,
y te da sombra mi frío,
mi nocturno y desahuciado frío.
Te encontré donde nunca debo habitar,
y te pierdo donde debo encontrarme.
Pero nunca olvidará mi penumbra
el ocaso del viento, la mezquindad de tu río.
Dame otros lirios para olvidar tu tallo oscuro,
dame vida, pobre ruido; dame paz, noche de escándalo.
Quiero ser el lirio, un cruel desapego,
pero soy el frío
del costado norte de mi humanidad.
No puedo enseñarle a mi corazón
cómo amar, sin su carne desgarrar.
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