A veces pongo
mis ojos en el mundo,
que se enredan en sus batallas,
que se pierden en sus calles sin rumbo.
Mis pasos siguen la corriente
y mi alma se queda al margen,
siempre ausente.
Me dejo llevar por voces ajenas,
por los gritos que nunca cesan.
En la prisa,
en el reloj,
en el ruido,
me olvido,
y mis gritos siguen sin ser oídos.
Soy el reflejo del espejo roto,
siempre cuidando,
cuidando lo que me rodea,
despojándome de mi abrazo.
Olvidando mi ser
para que otros no sean olvidados.
Y al anochecer,
cuando el silencio se hace presente,
me doy cuenta de que no me veo,
que me ha dejado atrás sin quererlo.
Pero aún puedo encontrarme,
incluso perdida,
en cada suspiro
que me devuelve a la vida.
Y al amanecer
me prometo a mí misma
que no me olvidaré de mí,
aunque el mundo
me arrastre con su prisa.

Blanca Bermúdez
Escribo para sacar del alma lo que no se puede decir en voz alta. Gracias por leerme. Quédate. Comenta.
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