Ojalá pudiera volver, volver a esos años en los que aún era un lienzo en blanco, cuando mis manos no cargaban con el peso de errores ni mis palabras conocían el filo de la mentira.
Me gustaría advertirme, mirarme a los ojos y decirme con firmeza: "No sigas ese camino, no permitas que la crueldad crezca en tu pecho, no dejes que el orgullo te nuble la razón".
Ojalá hubiera aprendido a ser honesta, a tomar las riendas de mis decisiones sin huir, a entender que la verdad, aunque duela, purifica, que los actos no desaparecen, solo se quedan ocultos esperando el momento justo para cobrar su precio.
Quisiera haber sido perfecta, no humana, no frágil, no equivocada. Tal vez entonces esta miseria no sería mi reflejo, tal vez entonces no me escondería de las miradas, ni temería ser descubierta por lo que soy.
No me justifico, sé lo que soy, una suma de errores que se fueron acumulando, la consecuencia de cada decisión mal tomada, la huella de una moral que nunca supe construir.
Ojalá pudiera volver, cambiar el curso de este camino que elegí, corregir cada paso, borrar cada marca, pero el tiempo no retrocede, y me encuentro aquí, cargando con el peso de lo que hice, con la esperanza rota de que algún día esto deje de doler tanto.
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