Ojalá te encuentre
en un atardecer profundo
ondeando con tus manos el cielo celeste,
amando embravecido
un suelo solo tuyo, para tí.
Ojalá te observe
allá, a lo lejos
perpetrando del ocaso su muerte,
sangrando en sábanas de algodón
y queriendo
en una tierra fecunda.
Ojalá te salude con un beso,
te desee los buenos días
y otra vez,
como ya conoces mi suerte,
te deje ir.
Ojalá se canse de mí
la intención de la pasión prematura
que no aprendió a caminar,
que le cortaron las raíces,
que de pequeña
no la quisiste amar.
Ojalá.
Ojalá te olvide,
así como hoy me olvidás.
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