Te escribo porque me parece imposible olvidar.
Porque odio cuando intento escapar de la nostalgia y todo me lleva a ti.
Suena nuestra canción en el restaurante, paso por tu calle, como tu comida favorita, y te recuerdo.
Y aunque ya casi no me acuerdo de tu voz ni de tu risa, jamás olvidaré la ternura que me hiciste sentir.
No escribo para que me leas, escribo para soltarte,
porque cada vez que te recuerdo, quiero que vuelvas.
Porque nunca olvidaré que tú y yo coincidimos.
Porque la noche en que nos despedimos, no podré olvidarla.
Me gusta imaginar que tú tampoco.
Por eso tienes tu rincón aquí, donde no puedo olvidarte, porque nadie ocupa tu lugar.
Y aunque ya no estás desde hace años, lo único que quiero es tu abrazo.
Aún tu recuerdo me visita,
a mitad del día o cuando la risa me ataca.
Temo que siempre te recordaré y nunca estaremos en el mismo cuarto otra vez.
Pero está bien, ya sobreviví un domingo más sin ti.
Ahora solo falta toda la vida.
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