últimamente me doy cuenta de lo rápido que pasa el tiempo cuando estás cerca. cuatro meses se han ido casi sin avisar, como si los días decidieran ser más cortos desde que estamos así. y aun así, hay momentos tan simples —tan nuestros— que me hacen detenerme y pensar en todo lo que hemos recorrido.
te observo en esos instantes tranquilos, cuando no haces nada extraordinario, cuando simplemente existes. en la forma en que respiras, en cómo te mueves con naturalidad, en esa calma que llevas contigo sin notarlo. me asombra lo fácil que se siente estar a tu lado, como si siempre hubiera sido así. a veces me pregunto si tú también lo notas, si sientes cómo el silencio entre nosotros dejó de ser vacío y se volvió refugio. no necesito palabras para saber que estás ahí; eso lo aprendimos mucho antes de llamarlo amor. dos años de amistad nos enseñaron a cuidarnos, a entendernos sin explicaciones, y no quiero que nada de eso se pierda.
cuatro meses han pasado rápido, sí. pero no siento que estemos dejando nada atrás. al contrario, siento que todo lo que fuimos sigue aquí, sosteniéndonos. y quizá por eso cada momento contigo, incluso el más cotidiano, se siente tan real… como si el tiempo, por una vez, hubiera decidido tratarnos con ternura.
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