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Nocturna Buenos Aires

Nikkel

Feb 25, 2026

35
Nocturna Buenos Aires
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  • ACTO I

El auto le temblaba cada vez que ponía primera luego de ver el verde en el semáforo. Trataba de ocultar el nerviosismo para que su amigo, que estaba de acompañante, no se dé cuenta del miedo que le recorría el cuerpo y amenazaba con paralizarlo en cada esquina.

El sudor le recorría la espalda, levemente apoyada en un asiento que estaba reclinado a gusto del dueño -que era su padre-. Los vidrios no estaban bien alineados y poco podía percibir del tráfico a su espalda.

-Dale boludo, arrancá. ¿No vés que ya cambió? Nos van a cagar a bocinazos. -Le gritó Lucho para sacarlo del trance en el que estaba.

-Voy, voy. -Respondió Toni.- Pasa que este Corsa horrible tiene dos mil años. No entran bien los cambios. - Mentía para disimular su falta de práctica.

-¿Qué culpa tiene el pobre Corsita? El problema es el burro que maneja. -Decía entre risas Lucho.

El auto cruzó la bocacalle a baja velocidad y un Fiat aprovechó para pasarlo por la derecha y puso al conductor a la par de ellos para reclamarle a gritos cosas como:

-¿Dónde aprendiste a manejar?

-¡Volvé al colegio, pendejo!

-Pero andá a lavarte el orto- le respondió Lucho con la cabeza asomada por arriba del vidrio.

-Shh Lucho, no seas boludo. Que siempre hay uno más loco que vos. -Lo frenó Toni.

-Pero, ¿vos viste lo que era el gordo ese? No puede correr ni los muebles, si se bajaba, lo fajaba.

Una sirena a lo lejos que se iba haciendo gradualmente más estridente y las luces de neón que impactaban cada vez con más fuerza en la esquina de Defensa y Carlos Calvo, anunciaban que una fila de patrulleros y ambulancias iban a cruzar con suma urgencia y que era mejor no cruzarse en su camino.

-Habrá habido algún incendio en algún conventillo ahí en La Boca. -Comentó Lucho-. Viste que cuando llueve siempre filtran las maderas y el agua va a parar a algún enchufe que está atado con alambres. -le contaba Lucho a su amigo.

-Puede ser, sí. -Respondió Toni-. Te acordás del gordo, cuando éramos chicos, que salimos del colegio en plena lluvia y lo vimos en la plaza sentadito con la mochila y la casa que se le prendía fuego entera. Nunca vi una cara de tristeza más genuina que esa. Me partió el alma.

-Mal. Pobre gordo. ¿En qué andará ahora?

-Estaba viviendo en España hasta donde yo sabía. La verdad que no hablé más con él. Ni siquiera por las redes.

-Ni bien agarremos la caja, nos vamos a tomar unas birras en un barcito de acá de San Telmo que se pone lindo a esta hora, así brindamos por el gordo y su casa. -Decía entre risas Lucho.

- ¿Un barcito? es martes, chabón. Mañana tenemos que rendir Historia temprano.

-No seas gil. Unas birras nomás. Te prometo que a la 1 am. estás acostado. -prometió Lucho.

-Bueno, pero un rato nomás eh. -accedió Toni.

Toni se dio cuenta que la lluvia se empezaba a disipar mientras esperaban a que cambie el semáforo de Independencia. Era un semáforo largo porque la avenida tenía mayor caudal de vehículos. En su cabeza retumbaban las palabras de Lucho, hacía un par de horas antes:

-Toni, ¿cómo estás? Necesito un favorazo, amigo.

-Lucho, ¿a esta hora un favor? -Respondió Toni a modo de queja.

-Sí, boludo. Es urgente, sino no te llamo -le decía Lucho con urgencia.

- ¿Qué pasó?

-Me tenés que dar una mano para ir a buscar una caja a San Telmo. Dos minutos. Vamos y volvemos.

- ¿Una caja? ¿No la podés llevar en colectivo? -le respondió Toni como sacándoselo de encima.

- ¿Vos sos boludo? Si pudiera llevar en colectivo no te estaría llamando. Dale, dame una mano. Agarrá el auto de tu viejo. Te juro que es un toque.

-Bueno, dale. Pero rápido eh, no quiero quilombos. ¿A qué hora te paso a buscar?

-A las 20:30. Tengo que estar a las 21. Gracias amigo -le dijo Lucho y le cortó dejándole el saludo en la boca.

El verde parpadeaba en el semáforo y Lucho le pegó un codazo a Toni para que arranque.

-Vamos a llegar tarde boludo, faltan 5 minutos para las 21 y estamos como a 10 cuadras todavía.

-Tranquilo chabón, ya llegamos. No seas ansioso. -Lo calmó Toni.

Si bien había poco tráfico, las calles de San Telmo conservaban el empedrado de siglos atrás y eso hacía que uno tenga que manejar con cuidado para evitar quedarse clavado o pinchar alguna rueda. O aún peor, pisar a algún distraído que bajaba a la calle -porque las veredas de San Telmo son angostas- para adelantar a algún turista que se colgaba sacando fotos o admirando el casco histórico.

A las 21:05 llegaron al galpón que se ubicaba en México y Perú. Lucho bajó primero mientras Toni apagaba el motor. Golpearon la persiana metálica y aguardaron bajo un balcón para resguardarse de la lluvia que empezaba caer ahora con un poco más de fuerza.

- ¿A quién buscan? -Preguntó una voz sin asomarse.

-Al tuerto. -Respondió Lucho.

La puerta quedó entreabierta y se lograba ver el interior que estaba oscuro y sólo lo alumbraba un televisor que transmitía un partido en directo de la Libertadores. Se distinguía el humo celeste del cigarrillo y algunas cervezas vacías tiradas en el piso. Debía de haber al menos 8 personas sentados en círculo con la tele en el medio.

- ¿Amigo nuevo? -le preguntó Toni visiblemente nervioso a Lucho.

-No, no tengo ni idea quién es. Jamás lo vi. Me mandaron a ésta dirección y me dijeron que pregunte por él. -Respondió Lucho que sentía que se estaba metiendo en una bastante turbia.

-Ah, me quedo más tranquilo -ironizó Toni- ¿Quién te mandó para acá?

Visiblemente enojado, apareció el tuerto que le hacía justicia al apodo.

-Pendejos, les dije que tenían que estar a las 21. Ni un minuto más y veo que son 21:07. -Les gritaba mientras se señalaba el reloj.

-Bueno, flaco. No te calentés. Siete minutos tarde. No es para tanto. -Lo intentó calmar Lucho.

El tuerto desenfundó un .38 mm. que tenía en la espalda y le apuntó a Lucho en la frente.

-Vos no me vas a venir a calmar a mí, pelotudito.

-No no, pará. No hagas una estupidez -reaccionó Toni, casi en shock.

-Tuerto, bajá eso. -Le suplicaba el compañero a su derecha.

-Hagamos así: Vos me das la caja y nosotros nos vam... -No llegó a terminar Lucho.

El click del gatillo rebotó en los oídos de todos los presentes. La lluvia era fiel testigo y los relatos de aquel partido, que hasta ese momento sonaban casi ahogado, se hicieron más evidente en la cuadra. El estruendo se impregnó en todas las paredes de México y dobló hasta perderse por Perú.

Toni vio como su amigo se desplomaba y como la sangre que le brotaba, le salpicaba la remera blanca que tenía puesta. Salió corriendo impulsivamente hasta la esquina sin mirar atrás y dobló por Perú en dirección a Microcentro. Lloraba como lo que era: un pibe de 17 años que aún vivía con los padres y no tenía más responsabilidad que aprobar Historia la mañana siguiente. Sintió que los pies lo iban a traicionar y que pronto caería rendido en el empedrado. El corazón parecía salírsele del pecho y la respiración le empezaba a faltar.

Pensó en encarar para 9 de Julio que seguramente iba a estar llena de gente, aunque era martes, llovía y la gente se concentraba más para el lado de Corrientes, donde están los teatros. Miró un varias veces para atrás y vio que un auto con dos tipos lo seguía. Entendió a la perfección que si lo alcanzaban iba a correr el mismo destino que su amigo Lucho, así que se apuró y empezó como loco a buscar un taxi o cualquier colectivo que lo ponga a resguardo.

No sabía si ir para su casa y correr el riesgo de que esta gente lo siguiera hasta allí o entrar a cualquier negocio y esperar un rato hasta que la situación se descomprima. Quizás ir a buscar a su padre al trabajo y contarle lo que había pasado. En ese instante se dio cuenta de que el auto había quedado estacionado en doble fila en la calle México, en la puerta del galpón. Con Lucho muerto a un costado. Y que tenía la remera salpicado de sangre. No vio que haya testigos al momento del disparo, con lo cual iba a ser muy difícil de que alguien le crea que él no lo mató.

Un patrullero pasó velozmente en la dirección por la que venía Toni. Era obvio que algún vecino había escuchado el disparo y los había llamado. Era obvio que en 5 minutos verían el cuerpo y también el auto. Iban a anotar la patente, iban a averiguar a quién pertenecía y, por último, iban a llamar al padre de Toni.

Demasiadas cosas en las que pensar y tan poco tiempo para decidirse.

El auto que lo seguía dobló en la esquina e iba rápidamente tras él. Empapado por la lluvia, corrió y doblo a la derecha, se metió en un kiosco que había a mitad de cuadra por la Avenida Belgrano. El kiosquero lo observó de arriba a abajo y notó la sangre de la remera. Toni se dio cuenta de que el chico que atendía estaba a punto de llamar a la policía y salió espantado del negocio. Dobló a la derecha por Diagonal Sur y se escondió detrás del monumento a Roca mientras rezaba porque los tipos que lo seguían se hayan ido para otro lado.

Eran las 21:37 y la noche recién comenzaba en la Ciudad de Buenos Aires...

Nikkel

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