Se escucha a lo lejos la lluvia dispersa
golpeando con furia la hierba del monte
crujen en la tierra sus hojas resecas
el viento que silba y las lleva hacía el norte.
Crepita el fuego con ira insaciable
la madera se quema y ya no hay remedio
se acerca de a poco su llama salvaje
que apaga el goteo constante del cielo.
No hay forma de ver qué está sucediendo
si hace frío, calor o está destemplado
si estamos o no en pleno invierno
si el incendio desbordará por todos lados.
Pensar que a la noche la anticipa el canto
incesante y agudo de cientos de grillos
chicharras, polillas, que vuelan bajo
zumban muy cerca de nuestros oídos.
Retumba el galope de caballos perdidos
que atraviesan el campo sin algún descanso
desde alguna estancia habrán corrido
lejos, sin rumbo, marcando el paso.
Cómo empezó, termina, sin ningún aviso
aplasta en mi mente a la desesperanza
rebrota en mi pecho la calidez de los vivos
al sentir, a lo lejos, fluir el río con ansias.
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