¡Marche y retumbe!
Mi querida balada fúnebre: velaremos hoy el cadáver de un romance inédito.
Cuentan los testigos que no vieron algo similar. Dichosas sean las bocas nuevas que sus protagonistas buscarán besar.
Pablo y Mónica bebieron y tomaron todo lo que debían, pero cuando una copa se llena, otra botella se vacía.
"Oh Mónica, vida mía, muy tenaz veo tu orgullo para lo corta que es nuestra vida" exclamó Pablo con una voz que hace tiempo había dejado de ser solo suya. Y, siempre, al contar piedrasen los andenes, recordarla conseguía, no es sorpresa para nosotros que Pablo siempre atentó a correr sin retrovisores.
Solo supo sentarse cuando Mónica intervino, y hoy, sus dedos dejan marcas en todos los cristales. Así no haga frío, vaporiza sus lágrimas mientras se pasea por los arrabales.
No tenían nada y sin embargo eran ricos.
Tener algo valioso no es igual a tener algo caro. Pues el recuerdo de Mónica no se puede comprar; y donde todo lo que tenían era el uno al otro, hoy ven las cenizas teñirse de un nuevo color, donde Pablo hoy sopla para empujarlas de vuelta hacia al cajón.
Pero siempre deja él un lugar abierto para una posdata, y aunque los cigarros dados vuelta no concedan deseos como dicen, ya no sabe a quién más pedirle por ella.
Se volvió poco mimoso y muy agresivo, como un gato asustado.
Pero por si el aroma a Mónica llegara a manifestarse, conservó todo este tiempo su nariz intacta incluso con las riñas, como también siguió dejando su huella en cada plato,por si ella recuerda algún día el sabor de un "nosotros".
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