Dicen que el corazón late porque es músculo, porque está hecho para resistir. Pero nadie habla de lo que ocurre cuando el músculo se encierra entre huesos fracturados, cuando cada latido es un roce punzante contra el recuerdo de lo que fue.
No sé si fue el amor, o el abandono, o las veces que me callé cuando debí gritar… pero algo dentro de mí se quebró. No lo oí romperse, solo supe que desde entonces respiro distinto, como si el aire pasara por entre las ruinas.
Soñé con su amigo, aunque nunca he hablado con el, me menciono tu nombre y no fue amor ni deseo, fue una grieta más. Fue el alma llamando a quien no debía, simplemente porque ya no encuentra a quien buscaba.
Y aquí estoy, con el pecho lleno de astillas invisibles, con un corazón que sigue latiendo como si nada… aunque cada golpe suene como una disculpa tardía.
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