Cuento de
Camina por las sombras del invierno esperando cada rayo de sol como un regalo de calor envuelto en papel de luz. Su abrigo es ya poco más que papel de fumar. Su alimento, las sobras que dejan en el contenedor los que llegan antes que él.
Recuerda un nombre, Inopio Eladio. Y lo ha hecho suyo. Aunque nunca le preguntan como se llama. Es lo que tiene no importar a nadie.
El frio es lo peor.
Los días cortos de final de diciembre, cuando la gente sale a pasear las luces, a recorrer las calles alegres, a disimular tristezas con compras excesivas, Inopio se aleja del centro aunque sabe que allí sobra más que en las afueras. Aunque sabe que su hambre será mayor en los suburbios. Pero no quiere afear la fiesta. No quiere generar alguna mala conciencia.
Por respeto al invento que todo el mundo adora.
Así, Inopio Eladio, deja de existir, por no estropear a nadie, la Navidad.
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