No por ver arte vas a conseguir el arte de ver
Jun 3, 2024
Al principio, en la superficial visión del mundo que acompaña la edad de la inocencia, nuestro gusto se ve enteramente mecido por la influencia de lo fácil, del ritmo antes que la composición, del sabor dulce antes que la caricia misteriosa de lo amargo; en definitiva, el mundo se reduce al encanto inmediato que pueda llegar a nuestros sentidos.
Tal vez deberíamos preguntarnos por qué la química de ciertos estímulos puede ocurrir en nuestros sentidos, en las más deliciosas sensaciones llegando ocasionalmente a fijación.
Sí, todo al principio, pasa que algunos se quedan en un eterno principio, nadando en la superficialidad de las cosas, lo cual no está mal, cada quién elige dónde nadar. Pero al menos se tendría que aprender a nadar primero, porque después nos vemos ahogados en cosas complejas de la vida.
Así entonces, conforme se nutre en nuestra sensibilidad la intensidad del mundo, uno va descubriendo la inmensa gama y amalgama de tonos y colores <Verde. Violeta.> A lo mejor sin saber el nombre de algunos pero no por eso dejando de ser testigo.
Entonces después la vida es tango y flamenco, es amargo y ácido y todos los infinitos sabores entre lo dulce y salado.
Entonces el ritmo se rinde a la composición, la rima tonta a la narración.
La inocencia como otra forma de perversión
En cada cosa que conocemos pasamos por edades de inocencia, creencias y desengaños, de indiferencia y reconciliación.
Y finalmente, valga la redundancia, veamos por fin la profundidad de lo superficial.
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