Los "veinticuatro" ya no abundan en mi barrio. La comunidad fundada por los primeros malandrines mal vistos de la esquina, fundamentalistas del fuego en un tacho para matar el frío y el vino abajo de un árbol para huir del calor se terminó una o dos generaciones después de la mía y ya nadie siquiera insinúa repetir tan fraternal tradición. Así como las tradiciones murieron, también lo hicieron los códigos y todo está permitido cuando los principios pierden valor. Hoy rejas encierran los sueños de quienes ignoraban que sus alas estaban hechas para volar, otros tantos empeñaron las plumas por sabores exóticos que dañaron su paladar para siempre, y ya no podrán sentir el gusto de la esperanza del futuro nunca más. Ellos, nosotros y un par mas, fuimos esencia y color de estas calles, identidad hecha carne y sangre que corre por las venas devenidas en un arrollo, arrollo que nace en la Ruta 197 y termina en Panamericana, "la Madame Curie". No hay lugar en los libros de texto para los pibes, nuestra huella así como nuestras más que interesantes aventuras son un pedo en un canasto de mimbre. Nos falto un Symns o un Bukowski, nos faltó un Prodan, un Cafrune.

VINO SUELTO
Todo lo aquí escrito, esta basado en experiencias personales, en historias ajenas y cosas imaginadas. Todo tiene una cuota de realidad, y en la imaginación todo puede pasar.
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