El paso del tiempo y el miedo a crecer son temas que resuenan en mi cabeza constantemente. El tiempo, esa constante inmutable, avanza sin detenerse, llevandose momentos, personas y experiencias. Crezco, me transformo, y en cada etapa, el miedo a lo desconocido se hace mas presente.
La infancia, con su inocencia y alegría despreocupada, parece un refugio eterno, un lugar en donde los días son largos y las noches están llenas de sueños dulces. Pero a medida que los años pasan, esa magia se disuelve despacito. La realidad se impone, y con ella, las responsabilidades y las expectativas. (un garron mal)
El miedo a crecer viene cuando comprendemos que el tiempo no es infinito, que cada año que pasa nos aleja más de esos días despreocupados. La adultez trae la conciencia de la mortalidad, de la finitud de nuestras experiencias. Las decisiones se vuelven más difíciles, las pérdidas más profundas, y las cicatrices del alma más visibles.
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