Un día, como otro cualquiera.
Pero para mí, no como otro cualquiera.
Decidí que ya no más.
Pero es difícil,
¿cómo sueltas el amor?
El que solo sabe de aferrarse.
Que no piensa en otra cosa que entregarse.
Y es que, mientras más pasaba el tiempo,
los recuerdos se hacían valiosos,
más y más valiosos.
Eran parte de mi cava,
de la colección de selectos.
Porque los disfrutaba tanto
que era mi parte favorita del día:
pensar en ti.
Aprendí a amarte a la distancia.
Y no porque estuvieras a la distancia.
Vivíamos en el mismo atardecer,
veíamos el mismo caos.
Pero aunque presente en la ciudad,
ausente en mi mundo.
Me creí todo:
las palabras, las excusas, las mentiras.
Pero para mí,
era mi verdad.
¿Y cómo no?
Tus risas, tus hazañas,
aunque ahora en las cenizas,
vivían todo el tiempo en mí.
Qué fácil era regalarte mi amor.
Qué fácil fue ceder por un poco de tu amor.
Qué difícil era conseguir un poco de tu calor.
Qué difícil era verte luchar por otro amor.
Nada es para siempre.
Aunque mi corazón se aferra
y no quiere.
Yo no te quiero más.
No quiero más de eso en mi vida.
No quiero que te lleves mi vida.
Eras mi vida
y te suelto mi vida.
Último poema.
Últimas palabras.
A la distancia, como era mi rutina.
Solo que ahora,
mi vida es mía.

Adrián Arenas
No leemos ni escribimos porque sea tierno, escribimos y leemos poesía porque somos miembros de la humanidad y la humanidad rebosa pasión.
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