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No importa

Apr 10, 2026

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No importa
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Ya no se distinguir dónde empieza

ni dónde termina

mi cuerpo.

Ni siquiera podría localizar el lugar exacto

en donde termina mi imaginación

o donde empiezan mis juicios

sobre el mundo.

Podría pensarse en la piel, quizás.

Pero ya lo veo

a Carlos Castañeda

argumentando sobre el ver y el ensoñar

sobre los hilos de energía que conforman

el huevo que es nuestro deambular.

También la escucho a Silvia Federici,

y a tantas posmarxista

diciendo que la propiedad privada no existe.

Es, la piel, realmente un límite?

Todo el mundo se llena la boca

hablando del otoño

y sin embargo no saben distinguir

entre el del año pasado o el anterior.

Como si fueran la misma cosa,

se desarman en devenires climáticos

siempre de queja, de sorpresa y de queja nuevamente.

Éste año el otoño floreció.

No como una flor que se abre,

sino más bien como una caja de cartón

o la caca de un unicornio.

El nivel del agua del río no bajó ni medio centimetro

cuando llegó la sequía.

Y los árboles continuaron con el follaje verde

como llamando a la esperanza

en la canción de Diego Torres.

Vos no me miraste o yo no te miré.

Cruzamos la calle cuando nos ibamos a chocar.

Nos evitamos y menos mal.

Ya siento que todo es basura en los rostros

laberínticamente urbanos de la actual humanidad.

Ya se pega el desprecio cuando alguien es realmente efusivo.

La máscara es el semblante,

y es ahí donde se condensa

un cuerpo que constantemente

se abstrae de él mismo

para pensar en el globo terráqueo

errante en el cosmos.

Rocío Giménez Ferradás

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