Los años dos miles están corriendo aún, encontraron la forma de impactarme soledad hasta el día que caí en mi penoso ataúd.
Claro ejemplo está cuando intente amar, todas ustedes huyeron en contra viento para no saber la causa de una muerte de un hombre feo y anormal.
Algo en mí moría cada año terminado, el despreciado siempre tiraba al cielo un par de dados para aceptar la derrota de ser un hombre solitario.
Pero la obscuridad siempre me ha encantado, el sol se llevo la luz que creía que ustedes me brindarían, por jugar al azar me quede dormido en una noche fría.
Fui lo que ustedes no querían tener, siendo el pundonor de la pena ajena. Mis emociones quedaron en quiebra y deseando ser lo que otros eran.
Ya no es necesario tu llanto por mi partida, ahora recuerda mi nombre en una rima mía. Gracias por los abandonos y ser quien nunca quiso dar una de sus compañías.
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