Todos los recuerdos que nos quedaron
están sumergidos en la frivolidad
nunca te importó dejarme entre escombros de añoranza
ni te dolió martillar el corazón que ardía en tus manos.
nunca tuviste compasión del abandono
ni de la incertidumbre regada en el alma.
los pasos que diste al huir me envenenaron la piel
y este cuerpo carcomido en la soledad lleva tu nombre
tu nombre
tu nombre
marcado entre cicatrices de dulces fracasos
cuento tres, cinco, diez
las veces que dijiste «he vuelto»
solo para verte marchar una vez más
al único lugar que te quedaba seguro
la cobardía
porque antes de quemarte en mis manos
elegiste volverte cenizas en las de alguien más.
En la despedida dejaste un sonido
que aún hace eco en mis entrañas
en mis anhelos
y allí en los lugares donde uno guarda la esperanza
«ya no quiero que esperes por mi ».
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