Noches saladas de pesadez.
Aunque seamos dos, la cena es para cuatro
y para aliviar; un jugo de naranja.
Besos aceitosos,
mi cuerpo y el tuyo
alumbrados por la luz tenue de la tele.
Los roces de nuestros pies calientes
y los cosquilleos.
En la suavidad de las sábanas que trajimos de casa,
se planta nuestro amor y crece una flor.
Los sonidos de nuestras bocas son promesas.
Nuestras manos se buscan y dibujan estrellas nuevas.
Todavía olemos a mar, a humo y al ruidoso centro que dejamos atrás.
De fondo se escuchan las risas de una comedia,
pero nosotros solo inmortalizamos las nuestras.
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