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No confío en los que romantizan la nostalgia

Apr 6, 2026

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La nostalgia siempre llega tarde. Como los perdones mal dados o las visitas incómodas: cuando ya no puede hacer más que decorar el desastre.

Dicen que es linda. Que abriga. Que tiene olor a comida casera y tardes largas. Yo la veo trabajar, la he visto de cerca. No es cálida, es prólija. La nostalgia limpia.

Pasa un trapo húmedo por encima de los gritos. corre los muebles para tapar lo que se rompió, baja la luz hasta que todo parece más suave. Después te dice: "¿ves? no era tan grave"; pero yo me acuerdo de la versión sin editar.

Me acuerdo de los silencios espesos, no esos silencios de película donde cae una hoja y todo es poético. No. Silencios de estar atenta a si alguien abría una puerta demasiado fuerte. Silecios que eran una antesala, como cuando el aire cambia antes de que caiga una tormenta.

Y ahora vienen ellos. Los que sonríen cuando dicen "la infancia". Los que hablan como si hubieran salido de una publicidad de Cartoon Network. Te enumeran tardes, juguetes, abuelas dulces. Todo en diminutivo; todo amable...todo sospechoso.

Yo los escucho y pienso: o no miraron bien, o aprendieron a no mirar.

La nostalgia es selectiva como un testigo comprado. Declara lo que conviene, omite lo incómodo, jura decir la verdad con una mano apoyada sobre un álbum de fotos donde nadie está llorando.

Pero las fotos tampoco son inocentes; las fotos son acuerdos: "quedate quieta", "sonreí", "esto es un recuerdo". Nadie saca una foto del moemento exacto en que algo se rompe adentro tuyo. Eso no se archiva. Eso se esconde.

Después crecen. Y te dicen que exagerás, que "no fue para tanto", que "algo bueno hubo".

Claro que hubo cosas buenas. Siempre las hay. Ese es el truco más sucio: mezclar ternura con descuido, afecto con desborde, risa con miedo. Hacer una especie de cóctel emocional donde, años más tarde, nadie puede distinguir qué le hizo bien y qué lo partió.

La nostalgia ama ese cóctel. Lo agita, lo sirve frío, le pone un borde de azúcar. Y vos dudás.

Dudás de tu memoria, de tu incomodidad, de esa sensación de que algo no encaja con el relato oficial.

Ahí es cuando la nostalgia gana.

Por eso no confío en los que la defienden sin matices. En los que la tratan como si fuera una virtud. En los que dicen "todo tiempo fue mejor" con una sonrisa intacta, como si hubiera habido fisuras.

No es que mientan del todo. Es peor, editan.

Hacen de su vida una versión apta para ser recordada sin sobresaltos. Una especie de museo donde todo está ordenado, etiquetado, limpio. Donde nadie tiene que preguntarse demasiado.

Pero yo no quiero un museo. Prefiero el archivo desordenado, os papeles que incomodan las escenas que no cierran, prefiero recordar mal antes que recordar bonito.

Porque hay recuerdos que, si los suavizás, te traicionan.

Yuliana Davico

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