si Dios decide que ya no soy digna
de que el azul de tus ojos se refleje
como agua sobre mi piel,
que al menos me permita empezar de nuevo,
que me nombre ángel de la guarda
para orbitar a tu alrededor desde el principio de los tiempos,
para ser espectadora de tus primeros pasos,
de tus primeras risas, de tu primer beso,
aunque llore a escondidas por ser testigo de un mundo
donde no me pertenece tu amor.
y si la piedad divina me da a elegir
entre la existencia de uno de los dos,
prefiero ser un fantasma,
porque nada me compete,
nada me atraviesa si no estás vos.
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