¿Qué fue del alma torturada?
Se le fue la juventud
o acaso
masticó su propia letra
La extraño.
A la que no le escribían poemas.
A la que buscaba un buen viento en medio del mar.
¿Fue el amor?
¿Su exceso o su carencia?
Nimia.
Ciega.
Nerviosa.
Ya no se encuentra,
ni voraz,
ni embravecida.
Es profesional a diario.
Es de escribir
solo por amor.
¡Qué soporífera!
Ahora emplea
lengua del burgués
y busca vestido
en el sastre.
–¿Sigue soñando?
–Nadie lo puede jurar.
–Es el mejor de los males –dijo mamá.
–Es el peor de lo males –se dijo al espejo;
Pues no hay nadie que escuche a los muertos.
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