No, no puede ser verdad,
grita el pulso en mi piel marchita.
Soy un reflejo en el agua,
una huella que se disipa.
Los médicos dictan sentencia,
pero no la quiero escuchar.
Son profetas de lo oscuro,
pero mi fe es el negar.
Mamá se ahoga en plegarias,
papá se rompe en silencio,
y yo, con labios de cera,
les dibujo un “todo está bien”
mientras la muerte afila los dedos
y me arranca el ayer.
Mañana no habrá promesas,
no habrá sol sobre mi piel.
El tiempo se pliega en mis venas,
se pudre mi amanecer.
Las flores en mi cama se marchitan,
el espejo ya no me ve.
Si no nombro lo que sangra,
¿acaso podré renacer?
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