Arena en mis pies,
granos de mostaza sin fe.
Rocas de metal en mi espalda
y una mente fatigada, sin rumbo.
Naces de un árbol,
siendo fruta o musgo.
No hay dos colores
más amargos que el dolor de esta pena.
Si me pagaran por mirar,
sería rico.
Si me pagaran por hablar,
sería joven.
Si me pagaran por sentir,
sería Cupido.
Si me pagaran por escribir,
sería feliz.
¿Cómo puede salvarse un ángel que ya no tiene fe?
¿Cómo puede una hormiga levantar una montaña?
¿Cómo puede la noche nacer después del día?
¿Cómo puede esta pena sanar sin ser herida?
Le pido al alma un poco más de paciencia.
Aunque sigo pisando un mar de espinas,
mi corazón sigue latiendo,
probando el dulce néctar de mis sueños.
Quisiera probar una nueva fruta,
desconocida y armoniosa:
una manzana dorada
que sane esta raíz
casi marchita,
pero con sus hojas aún verdes.
No sé si llegaré a ser árbol.
No sé si alcanzaré el cielo.
Solo sé que el día terminó…
y mañana será
una nueva vida.

Alexander Verano
Aquí comparto mis versos como quien deja cartas sin remitente: esperando tocar el alma de quien los lea, o simplemente, escuchar el eco de mis propios sentimientos.
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