Para ser honesto es necesario conocer las posibilidades de provocar sufrimiento, sufrir tanto esa carga para no abusar de ese poder, así es tan doloroso decir lo que pensamos como callarlo todo.
Y aquí lo importante, no todo puede mantenerse hundido para siempre, en algún momento la punta de un tempano saldrá, aún escondiendo el resto del iceberg.
Se va haciendo difícil respirar, se pierde el ritmo y el orden,
tiemblan los dientes, la voz, la sangre.
Mentir alivia, es el analgésico más efectivo a la vez que el más injusto, aunque nadie se salva de sus efectos secundarios para nuestro espíritu.
Aún así es más difícil ser honesto, tomar nuestro corazón y jurar por la sinceridad en nuestras palabras, requiere de un valor que nadie está dispuesto a asumir, al menos no todo el tiempo.
Mentir es más simple, te permite pasar desapercibido en un mundo complejo.
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