Muérdeme.
Muérdeme, susurra la noche, con labios de terciopelo y dientes de luna llena.
Muérdeme, implora mi sombra, donde el deseo se anida en mi pecho, siendo oscuro.
Muérdeme, no con la fiereza de un lobo hambriento, sino con la dulzura de un néctar prohibido, con la lentitud de una caricia que se quema, con la fuerza de un océano que se desborda.
Muérdeme, vuélveme a morderme hasta que escuches mi último suspiro, mi gritó de extasiado porque el dueño de mi alma, lo está haciendo.
Vuelve a morderme el alma, curame con tu amor, vuelve a morderme pero no dejes que sangre.
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