Después de haberle dado mil vueltas al asunto, verlo infinitamente desde todas las aristas, hasta comprender que era síntoma de una inacción paralizante: me suelto al mundo. Abro de algún modo el juego que la vida ya hace muchos años me propuso jugar, y yo, en cambio, me propuse analizar. Analizar hasta el hartazgo. Aislar sus partes a escala molecular hasta perder el panorama principal.
Después de comprender a fuerza de olvido y frustración, que no somos receptores infinitos, sino que debemos vaciarnos para volver a llenarnos: vengo a vaciarme. Vaciarme de toda la información que nos ingresa de manera activa y/o pasiva. Del bombardeo de bits que se expande en el aire y que pondera los datos y estadísticas por sobre la narración, sobre el contar, sobre lo humano.
Después de comprender que la mirada de ese otro inexistente en realidad es uno mismo; después comprender de mil maneras que uno siempre será juzgado, para bien o para mal: me permito ser juzgado; es parte del juego. Por no decir su finalidad.
Después de comprender que las incoherencias, las ambigüedades, más que ser imperfecciones por limar, son los fundamentos de la propia personalidad y de la creación: me entrego a las contradicciones.
Admito que esto nace de una necesidad personal de no tener con quien exteriorizar ciertas lecturas que me están haciendo cuestionar áreas de la realidad en la que estamos inmersos, o que me afectan de alguna manera. Algunas de las áreas en cuestión tienen que ver, quizás, con imposiciones socioculturales; otras relacionadas a la realidad política y social del país (eso da para rato); otras con cuestiones que podríamos llamar «espirituales», pero que al fin y al cabo repercuten en todos los aspectos de la vida cotidiana. Creo que todas estas cuestiones están, aunque no parezca (¿o sí?), íntimamente relacionadas. Este nuevo siglo viene a romper con los paradigmas del anterior. O quizás no romper. Integrar. Eso me gusta más.
Bueno, en fin; me abro con la intención de compartir y ver si quizás esto que a mí me sucede, las dudas que me surgen, no son sólo mías. Sospecho que no. Pronto novedades.
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