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La moral es un traje hecho a medida.

A medida que crezco, lo voy adaptando a mi cuerpo.

Cuerpo que siempre vibra, aunque esté cubierto de un montón de ropa.

Ropa que me representa tanto que a veces me siento desnuda.

Desnuda de prejuicios y de malas intenciones.

Intenciones de que mi existencia no pase desapercibida en este mundo.

Mundo que va en picada hacia el exterminio.

Exterminio de bondades, modales y utopías.

Utopías que solo sirven para seguir caminando.

Caminando sin mirar a nadie por encima del hombro.

Hombro que carga mochilas que heredó de alguna sucesión familiar.

Familiar destino que trato de evadir desde la moral.

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La moral no es sino un conjunto de explicaciones.

Explicaciones que suenan a excusas.

Excusas que son infantiles.

Infantiles actitudes que serían un manjar para cualquier terapeuta.

Terapeuta licenciado, no como uno, aficionado.

Aficionado a leer entre lineas.

Lineas imaginarias que nos mantienen distantes.

Distantes de recursos, valores y sueños.

Sueños que son pesadillas.

Pesadillas que traen mensajes.

Mensajes que nadie envía porque tendemos a malinterpretar.

Malinterpretar es mitad ingenuidad y mitad hipocresía.

Hipocresía que derriba puentes.

Puentes entre el bien y el mal.

Mal o bien, eso es la moral.

.

La moral, como tantas palabras, se describe y escribe femenina.

Femenina costumbre de explicarlo absolutamente todo.

Todo se vuelve monótono y repetitivo.

Repetitivo discurso de cómo te tienen que amar.

Amar primero las vicisitudes propias.

Propias ideas llevadas a cabo cuando hay voluntad.

Voluntad de decir, de cambiar, de aprender a amar.

Amar para recibir.

Recibir no es sinónimo de amar.

Amar no siempre es suficiente.

Suficiente suele confundirse con lo correcto.

Lo correcto es funcional a la moral.

.

La moral te sugiere qué hacer.

Hacer malabres con lo que se siente y lo que se piensa.

Piensa el otro que nada te importa.

Importa que si te conoce se de cuenta.

Cuenta con vos siempre.

Siempre y cuando no pase los límites.

Límites inventados por la moral.

.

La moral te hace hacer lo que está bien.

Bien, pero ¿para quién?

¿Quién decidió por primera vez que algo debía ser así?

Así, moralmente correcto.

Correcto, pero a veces no honesto.

Honesto y con eso alcanza.

¿Alcanza?

Alcanza a ser parecido a lo que merezco.

Merezco ir al infierno si es que allí cumplo mis sueños.

Sueños que no podría explicar.

Explicar sería un boleto directo al manicomio.

Manicomio, éste, donde vivimos todos.

Todos y todo.

Todo bien.

Bien moral.

Melina Marcos

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