Quisiera poder nombrar este vacío, trascenderlo pero las letras permanecen amorfas.
Huérfanas de palabras, se aglutinan en mi garganta formando una masa inabordable.
Me siento andar con la herida expuesta, un tajo que sangra, este vivir con el puño apretado.
Las lágrimas se atrincheran, hacen nido en mi panza, no quieren salir.
Los miedos me exigen la vuelta obligada a la infancia
Busco monstruos debajo de la cama: me estiro, me asomo, espío
Los busco donde se espera que estén, justo ahí donde no están.
Dejo la luz prendida.
Esta vez, los quiero ver venir.
Pero me doy cuenta, crecí.
Para qué buscar debajo de la cama, con monstruos que se acuestan conmigo.
Pero me doy cuenta, crecí.
Para qué dejar la luz prendida, con monstruos que sólo veo cuando miro con los ojos cerrados.
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