¿Aún sigues sintiendo miedo al despertar?
¿Qué fue de ese rastro de sangre marcado en la entrada de tu puerta?
La bestia clavó sus garras en la carne y la arrastró hacia la oscuridad, entre esos árboles que delimitaban la escena.
Supiste ocultarte en un punto ciego y jugaste el papel de testigo, un observador pasivo.
Ella había cometido un asesinato allí afuera, un poco más allá del limitado; sabías que la bolsa que arrastraba te involucraba, eras cómplice a pesar de sólo mirar.
La puerta de la casa estaba completamente abierta; la estabas esperando, pero la pronta y sorpresiva aparición de aquella bestia te salvó, casi limpiándote, casi devolviéndote la falsa pureza que creíste perder.
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