Mis ciudades como oasis posibles
Querría renacer en una ciudad abierta,
sin bordes ni sangre/ sin odio ni presas/ sin heridas ni quejas
Sin puertas/sin fronteras/sin intensiones malsanas
Sin nada que me recuerde lo limitados que somos
Una que no me niegue el pasado,
ni las causas ni los azares
Una ciudad que sepa contener en su letárgico aliento
la voluntad de sus moradores
Las ciudades son como los espejos
Absorben toda la luz, la energía de millones de alientos sedientos
y latentes
Y, como ellos,
se contrae,
se alimenta,
se van bordando en capas de humanidad infinita
De realidades hirientes,
de pequeñas historias contra hechas
Pero tan brillantes,
tan endemoniadamente vivas
Que prosperan con cada golpe estación
Con cada oleada de perdurables decisiones
las malas, las mejores,
las que simplemente no deberían tomarse
Querría nacer en una ciudad con pasado, pero, sobre todo,
con todo su futuro escalando salvaje y acogedor
por las paredes de unos muros que no deben ser alimentados,
que no deberían ser nombrados
Quiero una ciudad para ti,
Una ciudad para nosotros
Para aquel, para el otro,
un nido, un abrazo, un aliento amable
Quiero una ciudad llena de esa plenitud líquida y humana
que sabe trascender
con su salvajes quimeras
con sus propias sensibilidades
Una ciudad en el reflejo de mis sueños.

Yom Hernández
Aquí un licenciado en Historia, loco por la literatura que lee y escribe pertinazmente. Padre de tres libros publicados por Ed Atlantis, Ed Adarve, Ed Cuadranta.
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