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Admito que mis fases rem se volvieron inconsistentes desde que mi espacio onírico se volvió un criado leal de tu paradero; aún sabiendo que, por mucho que pueda adornar mis palabras, el contador emocional encargado de cobrar las cuentas por las erratas cometidas en mis contratos de amor, el cual conocemos como tiempo, más tarde que temprano encontrará mi puerta, y hará de lo reprimido un agujero en mi pumpo de sangre por el que antes que crúor, agua salada se derramará, la misma que ni una noria podría haber ayudado a escapar por mis retinas durante el tiempo en el que, el principal obstáculo, era yo.
Creo ver agujeros en las yemas de mis dedos, a este punto, le robé el oficio a algún cartero de tanto tocar timbres; de mal a no podría ser peor, creo que lázaro de Tormes podría entender, aún cuando en mis veintes no consigo hacerlo yo, el por qué de mi inconformismo con los amos que la vida me dió.
Siempre fui de fuerte pisar, de labia, artesano del "yo convenzo", menestral para el amor por verlo como algo cuántico, predecible y explicable, soy culpable de tenerlo consciente.
Pero, tuve que preguntarme cuán sostenible era una mentira cuando vi a un enfermero rezar.
¿sobre qué se apoya un erudito cuando ve la cara a Dios?
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¿Será que no tengo las cosas tan claras, o será que no duermo bien?
De repente, observé a lo cualitativo soplarle los talones a lo numeral, al cálculo, a lo predecible; todo lo que creía tener bajo control, se volvió irracional, todo daba miedo, nada tenía por qué ni tenía por qué tenerlo; mi fuerte pisar arruinaba nenúfares, mi labia ahuyentaba más de lo que retenía, la destreza del convencimiento se redujo a un bucle de mentiras de cortas patas, y el amor sobre el que sentí tener total dominio, supo darme un leñazo de realidad, cuando por primera vez, aprendí cómo romper un corazón, empezando, ni más ni menos, que por el mío.
Pasé de culto a pionero, y, por si no era suficiente, la máscara que por tanto tiempo vestí, me arrancó cachos de piel al desprenderse; al rojo vivo, tan roto como tabique en perico, con la carne al aire y el mazo de cartas trucadas mojado, bisoño y desnudo me vi en una pradera vacía pero hostil, donde hasta el rozar del herbaje me hacía daño.
Ayer escribía en mi cuarto y hoy me descuartizo, pongo las manos en alto y detrás de la cabeza, confieso haber caído en la obviedad del ignorante que excusa su negligencia con inocencia.
Pero el malo siempre insiste en revestirse antes de reinventarse, sin tener a quién señalar, vive su propio fear no mort al entender que la única persona a la que le estuvo mintiendo toda su vida, era a él mismo.
Conocí el infierno, y cuando creí que este se vería como el tártaro, resultó no ser algo más que una habitación con cuatro paredes sin revocar y una puerta, una puerta que siempre estuvo sin llave y a medio cerrar.
El infierno era un concepto, ¡que incrédulo de mi parte fue pensar que siendo verdugo de corazones ajenos toda mi vida, no sería el verdugo del mío también!
Si por temor a que se llene la caja de mis miedos, evitaba el yo puedo, no encontré mejor paradoja al descubrir que la predisposición que me sacaría de ahí, era la misma que tanto eludía.
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Hoy me encuentro solo, y mientras cito autores que recitan mis dolores mejor de lo que yo digo hacerlo, también me asqueo al ver escritos que perfectamente podrían ser míos, no creo en la envidia sana por sostener que la envidia es el peor de los pecados capitales, pero me desbordo de celos al ver cuán exacto puede ser un anónimo a la hora de hacer de lo intangible y lo irracional, algo en lo que puedo identificarme.
¿Y ahora?
Ahora intento creer en la fe, a regañadientes, pero lo hago.
No soy de suplicar por regresos, porque soy más de lo que se fue que de lo que está, como si habláramos de cosas que se van y que aún se ven.
Sé que en la fe, hay amor, y sé que el amor no es para uno sino con uno, y aunque no pueda explicar el por qué de tanto ni el por qué del cuándo, sé cielo mío cuánto te amé.
Así que si hoy en la fe pongo mis fichas, es porque sé que en ella está la recompensa final:
"Celebrar el haber sido feliz con poco, ¡porque serlo ya es lo máximo!"
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