miren honestamente no creo recuperarme de esto me tendré que matar o algo
Apr 22, 2026
Quiero la carne de tu regreso.
Quiero que tus ojos se ahoguen en los míos,
mientras nuestras manos trazan el mapa de un dolor compartido,
y que lloremos el diluvio de la gratitud,
el torrente furioso de un amor que se negó a morir
cuando las puertas se cerraron.
El rito sagrado de tus domingos,
tu cuerpo ardiendo en la cocina, el mío naufragando en tus brazos,
un ancla dulce en la marea baja de la siesta.
Esas noches que se fundían en la ebriedad cómplice, actuando como si estuvieramos sobrios
donde el mundo era un juego sin reglas
y cada brindis, una victoria contra el vacío.
Extraño el tigre que eras ante el tablero, hoja o juego mental;
la furia de tus dados, el gesto de tu victoria.
Quiero volver a ese día donde el adiós nos cosía la piel con hilos de fuego.
cuando mi boca buscó la tuya, un último asalto contra el tiempo,
y tus manos me retuvieron dejandome sin un músculo que pudiera huir de tu abrazo.
Cuando te ibas, pero volvías con más cigarillos a tocarme el timbre.
Extraño el peso de tu cabeza en mi pecho,
el pasto, testigo mudo de nuestros cuerpos,
el ritual del perro, la limpieza que era un pretexto para el roce.
Extraño ser la única.
El metal frío del "siempre" en mi anular,
y la furia silenciosa de tu mandíbula apretada
cuando tu llanto pedía pasar.
Extraño no preparar un solo mate,
porque cada cebada era una odisea vikinga,
una saga de tu voz que llenaba la casa.
Música a pulmón,
tu garganta abierta a cada canción, un himno, un desgarro.
La desnudez de un vals improvisado
con baladas que te mostré, que eran solo nuestras,
secretos de piel y de oído.
Extraño esa rabia de que algo me guste
y no poder forzarte a mirar el mundo a través de mis ojos.
Extraño el vicio de prestarte mi ropa,
esa danza de cuerpos que se adaptan al frío y al calor,
y el dialecto secreto de nuestras manos
cuando te quedabas sordo.
Las fotos y videos de computadora,
el acordar lugar y espacio,
tu visita sorpresa sea madrugada o tarde,
porqué alguna vez no hacía falta rebuscar cómo comunicarte.
Extraño verte perderte en el vapor de la ducha,
y esa dulce debilidad de tu tartamudeo,
cuando el querer no decirlo se peleaba con las palabras.
Cuando tu cara se escondía al halago,
cuando mi piel se erizaba sin necesidad de urgar en el pasado.
Extraño a mi mejor amigo.
Extraño la piel del mundo cuando yo era su todo.
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