Iba manejando mi Fiat-Palio un viernes lluvioso por la carretera que atraviesa el parque nacional Henri Pittier. La lluvia había provocado derrumbes en el camino que me obligaron a ir con precaución.
De pronto, un ave inmensa descendió del oscuro cielo frente a mis ojos; solo nos separaba el delgado parabrisas. ¿Cuántos segundos me quedaban de vida?
Mi final había llegado. Repentinamente desperté; había perdido el control del Palio, desviándome ligeramente del asfalto; unos segundos más y no lo habría contado. Me bajé del carro para respirar profundo y verificar el vidrio del parabrisas; no sabía qué me ocasionaba más angustia, esa visión del ave gigantesca y monstruosa o la posibilidad de caer en el carro por el extremo de la carretera entre las montañas; a esa hora nadie me habría buscado. ¿Acaso el ave me salvó de volcarme en el carro? ¿O el desfiladero me salvó del ave?
De cualquier modo, recompuse mis sentidos y continué manejando hasta llegar al pueblo de Choroní, donde me esperaban mis amigos para un fin de semana de fiesta y playa.
Casi una hora después del extraño incidente estaba en el pueblo; me dirigí a la posada donde ya todos bailaban y reían. Después de una dura semana de trabajo, solo queríamos divertirnos.
Esa madrugada tuve sueños espantosos, sin sentido alguno, con criaturas gigantescas y formas exageradas; ningún árbol que jamás haya visto antes podría sostenerlas; sus cabezas eran del tamaño de mi carro. Las criaturas de aspecto prehistórico volaban a mi alrededor, intentaban acercarse, pero retrocedían, generaban sonidos espantosos y tenían miradas intensas y terroríficas.
Al despertar, desayunamos empanadas rellenas de algún tipo de pescado desmenuzado; luego dos de mis amigos bajaron conmigo hasta la playa. Playa Grande siempre con oleajes fuertes y un ambiente enigmático. ¡Qué hermosa playa! El olor de la playa simplemente me enamoraba; podría vivir allí el resto de mi vida, regresar a mi rutina laboral siempre me entristecía.
Esa tarde, bajo el resguardo de un toldo, soñé nuevamente con el ave. La más grande y aterradora criatura descendió del cielo, todo a mi alrededor era gris. El ave me miró fijamente y mi cuerpo fue de madera; yacía allí frente a la playa convertido en palmera.
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