No puedo hacer nada más que pensar.
Pensar en el futuro, en el mañana cuyo conocimiento sólo lo puede tener nuestro Señor.
Y me encasillo, en un castillo de condenas sin fin, porque sé que no estoy absuelta de la duda y la desgracia de cargar con mi inutilidad.
La inutilidad en mi carne y mi corazón, porque peco en el laberinto de mi alma.
¿Cómo será la nariz de mi bebé? ¿Cómo reaccionará cuando sus piecitos toquen el jardín por primera vez? ¿Su inocencia lo hará santo de mi devoción? ¿Su sonrisa será capaz de combatir a mis demonios? ¿O crecerá y me odiará por la maldición familiar que llevo como un ancla en mí?
¿Y mi esposo? ¿Cuidará de mi cuerpo como yo cuidaré de su techo? ¿Sus manos trabajadoras serán igual de suaves? ¿Su beso será como un llamado del cielo? ¿Podré llenar su estómago de rica comida y mariposas? ¿O me uniré a yugo desigual, traicionando mi poca luz con penumbre?
¿Mi casa tendrá muchos animales de los que yo podré alimentar y amar? ¿Podré brindarles un lugar cálido y el respeto que merecen? ¿Correrán y se reproducirán en mi campo de margaritas y plantas de las que yo misma cosecharé? ¿O sembraré y veré como poco a poco se pudren?
O acaso... ¿La crueldad del mundo será mayor para corromperme?
No puedo hacer nada más que pensar.
Vuela lejos mi mente de las responsabilidades del hoy, más sé que mi destino está condenado. Caigo de rodillas a la idea de morir sola, con el espíritu roto, tal como cuando nací.
Porque sucia estoy e inevitablemente, arderé.
¿Seré libre de las memorias del pasado, que tanto me humillan? ¿Podré cargar en mi vientre un niño limpio de los pecados que tengo tatuados en la piel? ¿Mi amor será suficiente para mantener firme un hogar?
Me perturba el repentino tormento de escenarios que aparecen en la noche, escritos en mis sueños, como una premonición. Oh, mi ángel de la guardia me ha desamparado.
Pienso en el ayer, en el hoy y en el mañana, más no tengo poder sobre ninguno.
Dios, estoy pendiente de ti, no me dejes en este túnel lleno de oscuridad, llamado yo. Construye una armadura en mí, para ser fuerte ante las batallas que me esperan.
No puedo hacer nada más que pensar.
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