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MI VIDA EN UN POEMA

Jul 20, 2026

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MI VIDA EN UN POEMA
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La vida pide mucho que nosotros no podemos olvidar como fue nuestra infancia,

como fue el momento que no logramos aceptar

nuestros erros nustros trumas como si solo fueramos unas simples personas que no tienen con quien habar,

como si fueramos unos fantasmas,

como si la unica persona que a estado cono nostros a sido

" DIOS "

Yo nunca quise hacerles daño

solo queria un poco de su atencion de su cariño de su amor

de un unico abrazo,

para decirles perdon,

Entre el Humo y el Olvido

Qué sé yo de la vida y sus caminos,

si siempre termino trotando entre la niebla,

confundiendo los pasos, marcando el destino,

buscando una luz en medio de la penumbra.

Entre la nube densa que todo lo envuelve,

un trago amargo para calmar el dolor,

mis pensamientos van y nunca vuelven,

buscando respuesta en un mundo sin color.

Qué sé yo del amor o del perdón,

si la calle me enseñó a no sentir nada,

a guardar el despecho en el corazón

y a callar la pena tras una risada.

A veces me pierdo en mi propia mente,

escuchando el eco de lo que pudo ser,

pero el tiempo avanza, frío e indiferente,

y solo queda fumar hasta ver amanecer.

Qué sé yo de mañana o del futuro,

si el presente pesa como una condena.

Sigo mi viaje por este muro oscuro,

ahogando el silencio, quemando la pena.

La sombra de un niño que solo quería amar

Había una vez un niño que creció en medio de un infierno disfrazado de hogar. Un niño que se despertaba cada mañana con el alma pesada, mirando a su alrededor y preguntándose por qué el destino le había entregado un escenario tan frío y hostil. En esa casa no había abrazos cálidos para calmar el miedo; solo había gritos, vacío y una soledad tan inmensa que lo hacía sentir como si estuviera completamente solo en el mundo, como si flotara en un espacio donde nadie podía escucharlo.

Su madre era un escudo y un golpe a la vez. Protegía a la familia de las amenazas del exterior, pero dentro de esas cuatro paredes, la violencia de sus manos también descargaba la furia y la frustración sobre sus hijos. El niño aprendió a esquivar golpes y a buscar cobijo, confundido entre el dolor y la necesidad de recibir una caricia que nunca llegaba.

La familia entera se transformó en una tormenta constante. Hubo un papá que un día cruzó la puerta y simplemente desapareció durante dos años enteros, sin dejar un rastro, una palabra o una explicación, dejando un hueco enorme y helado. Y luego estaba el hermano mayor, sumergido en las sombras, atrapado en un mundo oscuro donde solo le hacía a las sustancias, volviéndose un fantasma distante que habitaba bajo el mismo techo pero que ya no estaba presente.

Ante todo ese caos, el niño no guardó rencor. En lugar de eso, abrió su pequeño pecho e intentó dar lo mejor de sí mismo. Hizo todo lo imaginable para unir a los suyos, cargando sobre sus pequeños hombros una responsabilidad que no le correspondía: la de intentar reparar una familia que ya estaba rota desde la base. Él solo quería ser amado, quería sentir que pertenecía a un lugar seguro, que su existencia importaba.

Pero la vida fue despiadada. El dolor no vino solo en forma de desamor, sino también de pérdida cruel. Tuvo que ver cómo partían tres de sus hermanos: dos pequeños bebés que apenas rozaron la tierra y ese hermano mayor que también se fue, dejándolo aún más desamparado. Perderlos a los tres rompió la última pieza de su resistencia.

Con los años, para intentar acallar el eco de los gritos y la ausencia desgarradora de los que ya no estaban, aparecieron los refugios falsos. Se volvió fumador, buscando en cada bocanada de humo que el pecho se llenara de algo que no fuera vacío; se refugió en el alcohol para congelar los recuerdos que quemaban por dentro, y terminó convertido en un drogadicto, buscando anestesiar la mente, huyendo de una realidad que nunca le dio tregua.

Hoy, detrás del humo y la botella, la voz de ese niño sigue resonando en el fondo. Un niño desgastado por batallas que no eligió, que intentó dar luz en la oscuridad de los demás y que terminó exhausto. Un niño que en el fondo de su alma, cansado de tanto sufrir, solo anhela encontrar un poco de descanso y paz.

Hoy, detrás del humo y la botella, la voz de ese niño sigue resonando en el fondo. Un niño desgastado por batallas que no eligió, que intentó dar luz en la oscuridad de los demás y que terminó exhausto. Aquel niño de mamá, que por tantos años tuvo que vestirse de valentía y sostener una fuerza que no le correspondía, siente que las fuerzas finalmente se le están acabando. Se está cansando de luchar contra corriente, sintiendo cómo se va perdiendo poco a poco en el camino y viendo cómo su cuerpo y su alma se desgastan lentamente por la enfermedad que lleva a cuestas, anhelando, en el fondo, encontrar de una vez por todas un poco de descanso y paz.

Hoy aquel niño de mamá está cansado de ser fuerte. Siente que se va perdiendo y que su enfermedad consumirá gradualmente sus fuerzas. Pero aun con el alma agotada y el cuerpo desgastado, el niño ama deeply a su familia, y guardará ese amor intacto hasta su última respiración.

Saet Lopez

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