Empiezo hoy a escribir.
Me cuesta encontrar incentivos, porque siento que no me pasa nada realmente emocionante, pero ¿supongo que así tiene que ser? Es tonto creer que uno va a tener grandes aventuras. No existe eso, sólo existe la cotidianeidad.
Hace un año, mi mejor amiga del colegio, Luisa (ese no es su nombre verdadero), me dijo que podía ser un poeta de haikus. Yo no sabía qué era.
Son poemas tradicionales de origen japonés de tres versos con una cantidad de sílabas específicas. Los poetas de haikus se asombran con los elementos de la naturaleza o del día a día, como la lluvia y el cambio de estaciones.
Pienso en qué cosas contaría de mi día a día y me rio pensando mi perro adrando para comer o en el único árbol del patio del colegio. Un poco patético, ¿no?
Acá está mi haiku, un poco depresivo:
Abro los ojos
A las siete A.M.
Pienso en... nada
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