Así como el principito hablo de su rosa yo vengo a hablar de la mía.
Mi pequeña rosa no tenía espinas, ni mal carácter, siquiera pedia algo de mí
Mi pequeña rosa podía quitarse las espinas que le protegían con tal de no lastimar mi mano al acariciarle, quedándose indefensa de todo
Mi pequeña rosa pedía mi amor cada segundo de su vida, no necesitaba espacio, ni su tiempo, siquiera beber del agua que la mantenía viva
Bastaba con verme cerca y a mí me bastaba con verla viva
Había días en los que yo no podía siquiera mantener mi mundo e intentaba huir como el principito hizo
mí pequeña rosa me daba cada rayito de sol que alcanzaba, cada gota de lluvia y cada brisa de su mundo pensando que así un día mejoraría
Pero ella nunca entendió que yo jamás fui una pequeña rosa como lo era ella.
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