Luna, mi luna , la única luz cuando ni las estrellas brillaban, y tu mera existencia iluminó mi cuarto , sin siquiera hacer nada en especial. La inesperada esperanza que necesitaba, atravesando mi ventana, iluminó mi desastre ; por ti, por fin pude ver un poco otra vez. Aquella luz que me diste me dio la fuerza de intentar ver mis manos y rostro ahora desconocidos. Fue difícil; tuve que afrontar el presente que odiaba, el pasado que me perseguía y el futuro que me esperaba, pero ya no estaba a oscuras , porque la luz que nunca esperé que atravesara mis gruesas cortinas, de alguna manera que no puedo y no quiero explicar, tu luz se infiltró por los bordes y costuras de esta , sin siquiera preguntarme, sin siquiera importarte. Te quedaste conmigo sin darme elección u opinión, y te debo mi vida a eso.
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