Hoy solo son recuerdos.
Recuerdos de cuando abría los ojos y la angustia me asfixiaba.
De esos días en los que solo quería dormir para evitar sufrir, porque en el sueño al menos encontraba un poco de paz. Esa paz que no encontraba despierta.
Había momentos en los que no había problemas ni en casa, ni en la escuela, ni con nadie y aun así, la tristeza me consumía.
No podía disfrutar nada, ni siquiera esperar algo bueno. Porque sentía que no tenía suerte, que simplemente era yo contra todo.
Pero por suerte, siempre sale el arcoíris después de una tormenta.
Y yo soy mi arcoíris.
Soy yo quien decidió seguir luchando cada día, contra mí misma, contra todo lo que intentó apagarme.
Porque nadie viene a salvarte. Nadie es salvador de nadie. El caos se sobrevive sola y eso también tiene valor.
El verdadero cambio nace adentro.
Todo es resiliencia.
Nunca dejes de soñar por culpa de una pesadilla.
La paz que un día anhelaste, esa que creías inalcanzable, llega si la deseás de verdad. Y si la deseás, vas a ser capaz de construirla con tus propias manos.
Y aunque mi paz no es perfecta, es mía. Y eso me basta.
La calma llegó cuando dejé de buscar afuera lo que solo podía encontrar adentro.
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