Si el destino fuera codicioso, nos cruzaríamos de nuevo en esa esquina. El viento de otoño seria igual de fuerte como aquella tarde de miércoles. Buscaríamos refugio en nuestras capuchas, bloqueando la ventisca y evitar un cachetazo de frío en la cara. Yo caminaría apurada, como siempre, mientras que vos moverías tus pies al igual que las hojas de los árboles cuando caen. Tan despreocupado, fluyendo en tu camino sin mirar atrás. Sin mirarme a mí.
Volvería a chusmearte delicadamente, tratando de evitar que se me note la curiosidad de ver el color de tus ojos. Observaría con atención tu sonrisa, esa pequeña esquina de tu boca que se levantó cuando me miraste por un 0,1 segundo aunque solo fuera para evitar chocarnos en la vereda.
Ah, ojalá no nos crucemos. Espero nunca conocer la forma de tu nariz y si tu pelo es largo o corto. Si llegaramos a volver a encontrarnos en esa esquina, recordaría estas palabras. Pensaría estas ideas y volvería a escribir sobre un extraño del que deseo descubrir algún día el color de su voz.
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