Dios meció mis labios en la escoria de Eva,
untó mi hogar en remanso funesto, y en el
despilfarro de una creación crucificada;
él inventó las plagas que peregrinaron mi cruz.
Sangraron todas mis llagas, y Dios fue mi estigma.
Me desglosaron los gusanos, primogenios de la muerte,
desgarraron como banquete mi cuerpo, y de mi sangre;
no brotó la vida.
Me muero, Eva, desisto.
Vos que no fuiste mis huesos, más sí mi barro.
No latigaste el pecado que yació en mi aposento,
pero rezaste con creces a mi cruz que fallecía.
A vos te gusta mi muerte, y a los gusanos
traumatizar a mi alma.
Ve mi ser, a mis órganos sucumbir.
Dios blasfema en pos de mi boca, pues
me obsequió la fruta que hoy sepulta
mi fe en el tártaro.
Y del diablo, ni hablar.
A él le gusta violentar la ingenuidad
con la que profanaron mis credos.
Our picks
Become a supporter of quaderno
Support this independent project and get exclusive benefits.
Start writing today on quaderno
We value quality, authenticity and diversity of voices.


Comments
There are no comments yet, be the first!
You must be logged in to comment
Log in