La memoria es el afecto
más traidor que existe.
¿A DÓNDE HUYE LA JUVENTUD
cuando sobra frío en el presente
y el viento húmedo acaricia el corazón?
Los planetas alineados
en este sábado de mañana,
la ciudad ruge decaída,
no son los mismos
caminantes,
testigos intrascendentes
del error de tropezar dos veces
y no guardar rencor.
Brotes de otoño
como cartas anónimas,
sensaciones de vuelo,
la vida se mantiene cautiva
en un mayo por descubrirse.
Las veredas del pueblo
mantienen un silencio propicio,
la memoria se prepara,
obstinada,
para sacudir al desprevenido.
Las casas ya no son las mismas,
aquellos aciertos
parecen lejanos.
Pareciera que aún contamos los días,
esta obsesión de fuego inolvidable,
he dejado de confiar en el azar,
es como un niño perdido
que ya no quiere jugar.
El día se prepara
para borrarnos todas las historias.
Un toque de infancia,
una pasión,
voces extrañas
todavía nos permiten encontrar las palabras.
Esto se siente
inefablemente
como terminar de lavar los platos,
caminar al sillón,
y ver llegar otra vez al verano,
la navidad.
El tiempo no es un perro obediente.
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