Enciendan las velas y oren por mí
porque esta mente se a ido lejos del camino,
abandonando el cielo y el infierno;
dejándose llevar por la marea de los pensamientos malditos.
Y mi cuerpo se marchita con el viento,
agitando el cenicero de mi pecho;
buscando que un fosforo enciendo algo por dentro,
o que las cartas del tarot logren cambiar mi futuro antes de tiempo.
Mis manos ya no tienen fuerzas para manipular los hilos de mi destino;
la ansiedad se encargó de desgastar mis uñas y la sincronía en mis latidos.
Mis pestañas actúan como persianas oxidadas y mis labios se agrietan entre tantas penas,
mi cuerpo es tan solo un frasco vacío.
La noche se acerca,
mis huellas se borran en la arena y me pierdo entre tanto silencio.
Solo devuelve el sonido a mi mente y limpia esta melancolía llamada tormenta.
que la luna te guíe esta noche hasta mi puerta
y que la maldad que acecha en mis noches solo sea una pesadilla pasajera.
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