Veo tu mirar y me lleva a pensar que,
quizás,
era de esperar que
ese no fuera mi lugar.
Corría constantemente,
no quería detenerme.
No quería pensar
en que me acercaba al final.
Para cuando me dí cuenta
ya estaba cansada,
con heridas de batallas
y a kilómetros de distancia.
Intenté, juro que intenté.
Hice todo para permanecer y lo sé,
pero entonces, ¿por qué siento que me trato de convercer
de que fue lo que tenía que ser?
Después de todo este tiempo,
sigo tratando de entender que,
ese no era el lugar donde debía estar.
Porque no importaba cuanto me esforzara
y deseara formar parte de ese mundo,
ni siquiera fragmentandome lograba encajar.
Lágrimas y horas de pensar.
Escritos que no pienso mostrar.
Elegir cegarme por miedo a la verdad.
Atreverme a escuchar.
Soltar, mas bien aflojar.
Llorar y lamentar.
Martillarme, aun cuando sé que no hay nada
ni nadie a quién culpar.
Abrazarme, llorar, reír y volver a empezar.
Y en medio de todo aquello encontré
un lugar con el que mucho soñé en estar.
Podía avanzar y respirar al mismo tiempo
e incluso con facilidad.
Ya no sentía ese peso en la espalda,
ni las inseguridades en los brazos,
ni la angustia en la garganta.
Un lugar donde se sentía natural estar.
Donde tenía un lugar en el que no me tenía que fragmentar para entrar.
Pero no te voy a mentir,
todavía no te puedo soltar,
no te quiero olvidar
y espero que algún día no me duelas más.
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