hay sensaciones que siento, a nivel físico, iguales.
antes, leer escenas de amor desgarrador que grita y dispara vulnerabilidad me ha hecho sentir como un vértigo que empieza en la panza y termina en el centro de la garganta. me atravesaba el pecho al medio, de pe a pa.
ahora estar sola en mí casa con la tuca apagada en la boca después de una sesión desgarradora con mí psicóloga de siente igual, como apretarse las entrañas una misma.
en la silla birrera, de cara a la puerta del patio que está fría y oscura, la lluvia no para desde bien temprano.
este pecho, el mismo pecho que leía amores ajenos como propios y se sentía volar, hoy no piensa en amores.
hoy está temblando porque siente que no hay más pecho para sentir cosas y me garua el corazón, despacio y constante el agua helada me llena.
no soporto los días de lluvia en La Plata, parece que siempre me obligan a esto.
me molestan las uniones húmedas de las cerámicas de mí casa, me molesta la correntada de viento y me molesta que me llueva el pecho.
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