mobile isologo
search...

Me hubiera gustado que fueras tú

Mar 16, 2026

77
Me hubiera gustado que fueras tú
Start writing for free on quaderno

Me hubiera gustado que fueras tú.
No por nostalgia —la nostalgia es apenas una costra del recuerdo—,
sino por esa forma tan silenciosa
en la que el mundo se acomodaba cuando estabas cerca.

Hay personas que pasan por la vida
como una tormenta breve:
hacen ruido, arrasan un poco el paisaje
y luego se marchan dejando ramas rotas.

Pero tú no eras una tormenta.

Tú eras más bien
esa lluvia lenta de los domingos
que cae durante horas
sobre una ciudad que no tiene prisa.

Y yo —que siempre he sido un poco tonto para las señales—
creí que la lluvia iba a quedarse.

Me hubiera gustado que fueras tú
la persona con la que envejecería un poco torcido,
la que se quejaría del ruido del mundo
mientras yo preparaba café demasiado fuerte.

Me hubiera gustado que fueras tú
la mujer que un día diría mi nombre
desde otra habitación
como si llevara toda la vida pronunciándolo.

Porque hay nombres que se dicen
como si fueran una puerta.

Y tú abrías la mía.

Pero la vida, ya sabes,
tiene ese talento extraño
para convertir las promesas en polvo.

Un día te das cuenta
de que la historia que estabas escribiendo
ya no tiene dos manos sujetando la pluma.

Y entonces uno sigue escribiendo igual,
pero el trazo se vuelve torcido.

No sé en qué momento exacto pasó.

Tal vez fue una tarde cualquiera,
de esas que parecen insignificantes
pero terminan convirtiéndose en frontera.

Tal vez fue cuando empezamos a hablar
como hablan los desconocidos que intentan ser educados.

Tal vez fue cuando dejaste de preguntarme
cómo me había ido el día.

O tal vez —y esta es la posibilidad que más duele—
cuando entendiste algo
que yo tardé demasiado en aceptar:

que el amor no siempre basta
para quedarse.

Me hubiera gustado que fueras tú.

Lo digo sin reproche,
como quien mira una fotografía vieja
y reconoce en ella
una versión más ingenua de sí mismo.

Porque yo sí te imaginé en el futuro.

Te imaginé en los inviernos difíciles.
En los veranos donde todo arde demasiado.
En las noches donde el mundo se vuelve pequeño
y uno necesita otra respiración cerca.

Te imaginé en los silencios largos,
que son los únicos lugares
donde el amor verdadero aprende a vivir.

Pero el amor —ese animal extraño—
a veces se cansa de la casa
y se marcha sin hacer ruido.

Uno se despierta una mañana
y descubre que ya no está.

Que lo que queda
es sólo la costumbre de buscarlo.

Y ahí estaba yo,
buscando algo que ya se había ido.

Es curioso.

Durante mucho tiempo pensé
que el dolor más grande
era perder a alguien.

Pero no.

El dolor verdadero
es darte cuenta
de que ya no puedes quedarte
donde antes estaba todo.

Porque hay lugares
que se construyen con dos personas.

Cuando una se va
la casa se vuelve ruina.

Y aún así uno se queda un rato más,
como esos arqueólogos tercos
que siguen excavando
aunque ya saben que la ciudad
está enterrada para siempre.

Yo me quedé mucho tiempo.

Más del que debía.

Más del que admitiría en voz alta.

Me quedé
porque había aprendido la forma de tu risa.
Porque conocía el mapa de tus silencios.
Porque había una parte de mí
que seguía creyendo
que todo podía volver a empezar.

Pero hay cosas que no regresan.

El tiempo, por ejemplo.
La inocencia.
Las primeras veces.

Y a veces
tampoco regresan las personas.

Ahora lo entiendo.

Y no te culpo.

La vida es larga
y nadie debería quedarse
en un lugar donde ya no respira bien.

Lo único que lamento —si soy completamente honesto—
es que no hayas sido tú.

Porque yo sí estaba listo.

Listo para quedarme.
Listo para luchar contra los días difíciles.
Listo para construir esa pequeña vida absurda
que sólo tiene sentido cuando se comparte.

Yo estaba listo
para la versión más sencilla del amor.

Esa donde dos personas
se eligen todos los días.

Incluso cuando no es fácil.

Incluso cuando el mundo pesa demasiado.

Pero supongo
que no era nuestra historia.

Y está bien.

De verdad.

La vida tiene esa forma elegante
de enseñarnos
que no todas las personas que amamos
están destinadas a quedarse.

Algunas llegan
sólo para enseñarnos
cuánto puede doler un corazón.

O cuánto puede crecer.

O cuánto puede sobrevivir.

Y mírame ahora.

Sigo aquí.

Un poco más roto,
sí.

Un poco más escéptico
cuando alguien pronuncia la palabra siempre.

Pero también más consciente
de que el amor —incluso el que no se queda—
deja algo valioso detrás.

Nos deja más humanos.

Nos deja más verdaderos.

Nos deja con esa cicatriz silenciosa
que nos recuerda
que alguna vez
lo intentamos de verdad.

Aún así…

Si me preguntaran
qué fue lo único que realmente quise,
lo diría sin dudar.

No fama.
No gloria.
No historias extraordinarias.

Sólo algo mucho más simple.

Me hubiera gustado
que fueras tú.

La persona
con la que el mundo
dejaba de ser tan grande.

Luis Cortina

Comments

There are no comments yet, be the first!

You must be logged in to comment

Log in