Yo sé lo que es mirar el mundo desde el miedo y congelarse a pesar de tener la calefacción encendida. Por eso a veces pienso que tal vez sea posible que ambos seamos más humanos, más inseguros y más cautelosos de lo que nos gustaría admitir.
Y me pregunto si alguna vez vos también miraste el amor desde el borde, o si el frío te encuentra en los mismos lugares que a mí.
¿Será que vos también aprendiste a esconderte cuando algo importa demasiado?
Porque si yo conozco el peso del silencio, ¿cómo podría estar tan segura de que vos no?
Me gustaría tanto saber qué es lo que pensás, pero me daría miedo que vos también pudieras ver todo lo que pasa dentro de mí.
Entonces, ¿qué se supone que haga con esta incertidumbre?
Sospecho, intuyo, recuerdo e interpreto. Pero el corazón no está hecho para filosofías ni para preguntas cruciales.
Y a mí realmente me gustaría saber si alguna vez, mientras yo miraba tu puerta, vos también mirabas la mía.
¿Te daría miedo conocer el alcance de mis pensamientos?
Te juro que no fue una elección; fue más bien una conquista. Una en la que terminaste ocupando parte de mis pensamientos sin que yo pudiera evitarlo.
¿Será que, si sigo negándolo, algún día me dejaran en paz?
¿O la única forma de acabar con esta incertidumbre es tenerte frente a mí, aunque sea solo una vez?
Es gracioso. Siempre pensé que escribirle a alguien que nunca viste era una fantasía. Quiero decir, ¿realmente podría alguien que ni siquiera respiró cerca tuyo causar tanto?
Bueno, supongo que fue una de las respuestas irónicas del destino.
Porque me das miedo. Me asustás.
Intenté alejarme, intenté convencerme de que no era para tanto, pero no puedo dejar de preguntarme cómo sería verte de frente.
Escuchar tu voz cerca de mi oído.
Descubrir si la realidad se parece aunque sea un poco a todo lo que imaginé.
Y quizás ahí esté el problema.
Cuando era más chica, imaginaba que crecer implicaba volverse inmune. Que en algún momento una llegaba a cierta edad y ya sabía qué hacer con sus emociones, ya no temblaba, ya no dudaba, ya no se sentía vulnerable.
Pero después de que me rompieron el corazón, volví a sentirme como una oruga dentro de su crisálida. O tal vez como un caracol refugiado en su caparazón, avanzando lento, con cautela y con miedo de ser pisado.
Así se siente el amor para mí ahora.
Y no me enorgullece admitirlo.
Porque a veces pienso que podría gustarte.
Tal vez mucho.
Y quizás eso también me asusta.
Our picks
Become a supporter of quaderno
Support this independent project and get exclusive benefits.
Start writing today on quaderno
We value quality, authenticity and diversity of voices.


Comments
There are no comments yet, be the first!
You must be logged in to comment
Log in