Eran dos personas que se amaban, dos almas ilusionadas, cuyos corazones laten rápido. El dulce fuego del deseo, una necesidad ardiente, de sentir manos suaves, piel con piel, llegar al éxtasis.
En lugares ocultos, el primer dulce sabor del amor, dos cuerpos presionados, una prisa apasionada. Tras puertas cerradas, una cita secreta, amor joven desatado, la dicha del placer.
El control de la mujer, guía sus dulces movimientos, enseñando tiernos trucos, para complacer a su amada. Suaves murmullos susurrados, en la agonía de la pasión, dos corazones como uno, en ese baño sagrado.
¡Que jodido es el amor!, el destino las separa del abrazo de la otra, caminos separados. No más tacto suave, ni caricias dulces, solo recuerdos de su apasionado lío. Sin embargo, la joven sigue buscando por todas partes, vislumbres de su dama, el brillo sagrado de su corazón. En espacios llenos de gente, sus ojos se encuentran con los de Amelia, una mirada fugaz, un amor por siempre nuevo.
Aunque su amor deba ocultarse, dos corazones entrelazados, por la fuerza de la pasión residen. La muchacha sueña con esa noche fatídica, cuando el amor era nuevo y todo se sentía perfecto.
Con una leve sonrisa, en la mente de la joven ocurren recuerdos fugaces de besos, gemidos, murmullos eróticos, promesas soñadas.
-Rena
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